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Taxonomía del dolor

Mario Alexandre Arenas Garzón en un abarco. Dibujo de María Fernanda Patiño.       Después de que la actriz me dejara con el temblor y la escena terminara, me acerqué y le agradecí por hacerme comprender el dolor de los demás. No contestó. Un árbol se me vino encima o quizás la maleza me retiró en un remolino. No había nada qué decir. Quedé encerrada en cuatro pardes que me indicaron la razón de este invernadero. Es la misma actriz que me responde escribiendo en las paredes: Golosa ¡Uno! Yo, yo, yo… puedo dibujar figuras con las nubes. ¡Dos! Los señores bien vestidos. ¡Ring! ¡ring! ¡Tres ahí están otra vez! Ya vengo, me llaman, vuelvo en cuatro, cinco, seis. Un momento. Me perdí. ¡Esperen!, ¡esperen! Un, dos, tres. No conté los estallidos. No, así no juego. Quiero llegar al cielo, pero… No se puede saltar, con las botas al revés.       Salgo de la habitación, respiro y vuelvo a entrar para dejarme apedrear por el tiro confuso que no cae en el infierno, que no cae en el cielo;

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