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Mostrando entradas de enero, 2016

La muerte del elefante

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A Arsenio Veloza y Silvina Huertas,  el corazón de mi memoria. 

El abuelo Arsenio Velosa usaba una camisa blanca esqueleto, un pantalón y botas desechas por la tierra. Sonreía distraído, una toalla le cubría el cuello del frío violento de la
madrugada. Su hija Aurora salió del cuarto justo cuando la bruma se mezclaba con la humareda que salía por el techo de la casa. El patio central estaba repleto de gallinas.

—Papá eso es un jabón, no una máquina de afeitar—
le gritó Aurora.

—Esta cuchilla no corta— respondió desconcertado.

Al poco tiempo Arsenio estaba listo con la ropa de trabajo, se colocó el sombrero y le gritó a su hija Senaida:

—¡El desayuno que tengo que irme a echar azadón!

Con el cucharón de madera tomó la changua, con tres mordisco acabó con la arepa y de cuatro sorbos se tomó el chocolate. Sirvió el guarapo en un pequeño cántaro, agarró el
azadón y con la ruana arremangada se fue para el cultivo de papa.

Un derrame cerebral hizo que nunca más le volviera la soberbia, solo un golpe p…