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Elogio al teléfono de rueda

      El primer teléfono que tuvimos en casa fue color vino, gordo y de ruedita. Muy parecido al de la abuela Hilda, de color verde pastel y de bocina pie de elefante. El sonido largo al marcar,  todo el apartamento  sabía cuando se iba a realizar una llamada. Al igual del rinnn rinnn cuando entraba una llamada que despertaba hasta al vecino. En él pregunté la tarea para el otro día, hablé con el primer amorío y compartí los chismes con los amigas.

En ese mismo teléfono vino tinto contesté dormida y regresé sonámbula al sofá, además, recibí las llamadas de mamá cuando  ella estaba en el trabajo y yo llegaba del colegio a la casa. Hasta la mujer del apartamento de al lado, luciendo  pijama satinada, pedía el teléfono prestado para conversar de asuntos que podían aparecer en la sección del noticiero ¡Qué tal esto! Por una semana la bocina de nuestro teléfono quedó con un tufillo a cigarrillo, porque la vecina fumaba mientras subía la voz por el teléfono. 
Debajo del teléfono manteníamos u…

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