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Mostrando entradas de 2016

Las gafas, las mangas y el desempleo

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 Todo era lo mismo que aquel día, dos años antes, en que recibiera su nombramiento de ayudante del registro municipal. La alcoba, un cuartucho de cinco metros, pugnaba por abandonar la penumbra y recibía una lucecilla tenue de amanecer en las claraboyas de la puerta principal. A la izquierda estaba su cama de pino, con las cuatro colchas, el edredón y tres almohadones. A la derecha, la cama de su mujer, un tanto más curiosa y acicalada. Al fondo, el armario de nogal, con el espejo roto y pintado de florecillas amenas que disimulaban los desperfectos. A la entrada, el tocador con la enorme palangana esmaltada, la jarra azul, su bata de baño y los cepillos de dientes. Todo era lo mismo. Zumbaban las moscas, halagadas por la vecindad de la alcantarilla. La decoración de los muros, cubistas, daba vueltas prezosamente. El reloj despertador, sobre el velador, traqueteaba su coranzoncillo mecánico y quería estallar. 

         Despertó constipado, con un ácido sabor entre la boca, y en la nari…

Los mataperros

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      Vivimos en una época de alucinación y de frenesí colectivo, y los sentimientos y las ideas se cruzan como ráfagas contrapuestas en una noche de tempestad. Si, como se creía antaño, la literatura de un pueblo no solo contribuye a formarlo, dándole unidad por la lengua y el espíritu, sino que a la vez lo refleja en lo que es en él la esencia, lo duradero, no ha de sorprendernos que nuestra poesía y nuestra novela de mañana, de ahora mismo, sean dadaístas. 
      Aquí todos estamos dadaístas. Se inicia una campaña en favor de la higienización de México, dizque para raer la concha de lepra que ciñe los palacios ilustres, y el súbito resultado de ese movimiento es la aparición de los mataperros. Y ni en los ritos magiares, en que la posesión de la tierra no se hace sagrada sino derramando sobre los terrones removidos la sangre de un animal, a latigazos de muerte; no, en ningún tiempo se ha visto más lúgubre. 
       Junto  los mansos ojos de los perros, donde un alma delicada no puede …

Débora Arango

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Si le hubiera hecho caso...



"Si le hubiera hecho caso a todas las cosas que dijeron de mí, si me hubiera tomado en serio todo lo que escribieron, me hubiera quedado pintando bobadas. Me criticaron y no me importó. Mi encierro en Casablanca no fue premeditado. Mis dos hermanos médicos nos propusieron, a los hermanos solteros, que pasáramos una temporada en la finca con mi padre, para superar, entre todos, la muerte de mi madre. Me enamoré de la casa y me olvidé, sin querer, de Medellín, de las exposiciones y, de paso, de las críticas".

Débora Arango.
A los noventa años (los cumplirá el próximo 11 de noviembre), Débora Arango vive, en Casablanca, con su hermana Elvira, de ochenta y dos años; con Carmelina, la empleada que los vio crecer, y con otra muchacha que las cuida aunque no cocina (de la sección de alimentos se encarga Elvira, con la misma mística de toda la vida). 

El plato que más le gusta son los fríjoles de Elvira, con chicharrón y patacones (cortados en rueditas pequeñ…

Un encuentro con Diana Uribe

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De ese día quedaron los recuerdos de la Gran Guerra, los pies cansados, la perdida del almuerzo y la voz sabia de una mujer.  Aquella voz que oía en la radio todos los domingos para escucharla hablar de historias de guerra, civilizaciones y culturas. 


***
La encontré en uno de los pasillos de la Biblioteca Nacional de Colombia, justo en la exposición de la Primera Guerra Mundial. Eran las 10:00 de la mañana, no sonó nada más que mis zapatos cafés, mientras merodeé objetos, manuscritos y periódicos. 

De pronto escuché una voz gruesa e imponente que lo abarcaba todo. Era Diana Uribe, quien caminaba junto a un muchacho, su asistente de investigación. Al espacio también llegó un hombre encargado de guiar la exposición, que al ver a la historiadora explicó el recorrido con discreto tartamudeo. Sin embargo, Diana lo miró atenta, como el estudiante a su profesor.  Seguro ella ya lo sabía todo de sobra, pero las personas inteligentes escuchan siempre con atención.  

Diana con su cabello morado, i…

Bocanadas de Obregón

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