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Mostrando entradas de noviembre, 2016

Las gafas, las mangas y el desempleo

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 Todo era lo mismo que aquel día, dos años antes, en que recibiera su nombramiento de ayudante del registro municipal. La alcoba, un cuartucho de cinco metros, pugnaba por abandonar la penumbra y recibía una lucecilla tenue de amanecer en las claraboyas de la puerta principal. A la izquierda estaba su cama de pino, con las cuatro colchas, el edredón y tres almohadones. A la derecha, la cama de su mujer, un tanto más curiosa y acicalada. Al fondo, el armario de nogal, con el espejo roto y pintado de florecillas amenas que disimulaban los desperfectos. A la entrada, el tocador con la enorme palangana esmaltada, la jarra azul, su bata de baño y los cepillos de dientes. Todo era lo mismo. Zumbaban las moscas, halagadas por la vecindad de la alcantarilla. La decoración de los muros, cubistas, daba vueltas prezosamente. El reloj despertador, sobre el velador, traqueteaba su coranzoncillo mecánico y quería estallar. 

         Despertó constipado, con un ácido sabor entre la boca, y en la nari…