lunes, 21 de octubre de 2013

El destacado de la semana...


LA VIDA ENTRE LOS LIBROS

Revista Cromos, No. 3298, marzo 31 de 1981

Por

Pedro Gómez Valderrama


    Entrar a las librerías da siempre la sensación de invadir un mundo secreto. La librerías están habitadas por presencias impalpables, que se depositan en los libros que esperan al buscador de tesoros. Es una entrada al país de nunca jamás, el país maravilloso en el cual la realidad tiene un sentido diferente.

     Hay un género de librerías que se ha ido restringiendo cada vez más. Es el de las librerías de viejo, en el antiguo sentido, donde se podían encontrar las más insospechados libros, y en ellos la memoria del tiempo pasado. Recorrer ese mundo de los estantes era algo maravilloso. Algo de eso sentí recientemente, cuando en un misterioso restaurante  El Café de Rosita se realizó una subasta de libros en la cual estuvieron presentes-- y lo digo deliberadamente-- autores de varios siglos, en ejemplares tentadores de aquellos que hicieron el largo recorrido en barcos de vela. 

   
Bogotá tiene librerías atractivas, en las cuales los libros tienen un sentido diferente de la simple colección en hileras impersonales. Algunas han desaparecido, como la Librería Médica del Pasaje Hernández, donde se podían encontrar en ediciones originales los primero libros de Rubén Darío. O la librería de Camacho Roldán, en la cual se encontraban libros editados a principios del siglo.  En la carrera séptima se alineaban, frente al Palacio de la Carrera, librería pequeñas, en las cuales el comercio de los libros tenía sus puertos misteriosos.

    El tiempo pasa, y naturalmente el concepto de la librerías cambia. Hace ya mucho años se instalaron dos excelentes librerías, Buchholz y la Librería Central, y más tarde la Librería Nacional. Con ellas la corriente de los libros extranjeros empezó a traer nuevas perspectivas a los lectores. Estas librerías se mantienen, y hay otra serie de pequeñas librerías, como la excepcional La Caja de Herramientas, con el nombre de Foucault.

   Ahora al norte de la ciudad, el recinto del café Oma, estilo de café europeo, tendrá ahora su propia librería, instalada con todos los detalles, incluso el sofisticado y muy importante del del computador, que no permitiría que un libro existente no se encuentre por quien lo busca.  En un recorrido que tuve la oportunidad de hacer en ella, pude darme cuenta de su amplio surtido, y del concepto que le ha infunsido su directora y propietaria, Marlene Biermann, con la asesoría de una de las personas más versadas en el mundo de los libros, María Victoria Dávila. Esta librería tiene algo muy peligroso y tentador: su horario.

    Desde las once de la mañana a la una del día siguiente será posible mirar, buscar y comprar mirar, buscar y comprar libros. Me recuerda mucho una librería en París, y editorial a la vez, situada en Saint Germanin des Pres, La Hune.

     Dos son los vicios en torno a los libros. El de leerlos, y el de comprarlos. La búsqueda afanosa de ediciones únicas, de bellos volúmenes es parte muy importante del arte de leer. Actualmente se ha creado en algunas grandes editoriales ese concepto de la edición hermosa, que durante tiempos estuvo muy abandonado. Pero hoy en día incluso los libros de colecciones populares tienen una presentación admirable. Y es evidente que por los ojos entra no solamente la lectura, sino la presentación de los libros, y que es mucho más grato leer un libro bien presentado, bien editado, cuyas hojas se mantengan en su sitio, cuya impresión no le dé trabajo a los ojos fatigados. El arte de las portadas, del cual Bogotá tuvo en pasados días --- y tiene todavía--- una demostración admirable en la exposición de Daniel Editorial, es algo absolutamente inseparable, hoy, del libro mismo. Como lo es la presentación atractiva de las librerías, la presentación acogedora. El comprador de libros no es un simple cliente casual. Es una persona que siente siempre que tiene algo más que ver la librería de la cual es frecuentador. 



"Los pasos perdidos", El Tiempo, diciembre 2 de 1984.
    

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