martes, 9 de julio de 2013

El destacado de la semana...


LA PARADOJA


Por Alberto Ángel Montoya

    Hay una diametral distancia entre la paradoja y el abusado prurito de hacer frases, más o menos ingeniosas. La paradoja es entre las sintáxicas maneras literarias, la que mejor define y explica, sin tener que ocurrir al análisis, un momento ético, psicológico, social, político ---político sobre todo---. Y es que en la paradoja el análisis va por dentro. Más que leerla, hay que desentrañarla. Esa frase breve, ese contraste negativo que afirma, es al luengo análisis ----para usar la comparación que alguna vez escribí --- lo que el gramo de opio al bosque de amapolas. Desde luego todo esto se refiere a la alta paradoja. El brillo de la paradoja de Oscar Wilde engastó su paradoja en la filigrana del "humor" británico. Le dio un tono de alto mundo. Yo he sido un admirador constante del gran esnob de Dublín, encarcelado en Reading. 

    Pero su paradoja me pareció siempre ---salvo en algunas muy pocas y muy originales excepciones --- una paradoja con rostro de girl. Una paradoja con cutis de inglesa. No se advierte en ella esa cicatriz que deja el tajo profundo que la pensamiento filosófico le infirió la vida. La mayoría de la paradojas de Wilde hacen reír, y las que no hacen reír, hacen sonreír un momento antes de hacer pensar. La risa más que una fácil expresión de sorpresa o contento, es una endemia, y como todo contagio, un contagio progresivo. Y es así como para las gesntes que se divierten con las novelas y en las comedias, tratando de representar en la vida real, con vano empeño y con un malísimo resultad, las comedias y las novelas, todas  las paeafojas, aun aquellas grandemente dolorosas o analíticamente exactas, seguirán siendo, o por lo menospareciendo, de Oscar Wilde. ¿Y entonces los griegos y los latinos?  ¿Y Agustín de Hipona? ¿Y Bocacio? ¿Y Villon? ¿Y Maquiavelo?¿Y Saint Simón? ¿Y Mirabeau? ¿Y Taillerand? ¿Y Fouche? ¿Y Shaw? ¿Y Anatole France? Claro está que no creer en Oscar Wilde, uno de los más grandes genios de todas las literaturas inglesas, sería una paradoja.


Tomado de  la  revista "Estampa", 26 de junio de 1939

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