lunes, 9 de febrero de 2015

En la oscuridad de la noche

Tomada de http://lomas.excite.es/


     En la oscuridad de la noche trato de encontrar una emisora que me remplace a la HJCK  que hace poco tiempo salió del aire. Acuérdese, porque en Colombia todo pasa y se olvida. 

      Como si fuera un Ulises que busca su regreso a casa, navego, para usar un término que en la antigüedad ponía a temblar a los hombres de mar y hoy llena de gozo a los ciberadolescentes de cuerpo o de alma. Pero, ¡Oh, Zeus! surcar nuestro ámbito hertziano es igual que atravesar el Mar de los Sargazos que Odiseo no conoció.

    En una isla oigo a una pastora protestante imponer a gritos la fe en dios, de una manera menos encantadora que las sirenas de la Odisea. En el otro extremo del dial un hombre vocifera y milagrosamente levanta y hace caminar a los tullidos. 

       Sigo mi curso. Dejo atrás los puertos de música basura de todo origen. Pocos pueden reivindicar la defensa del patrimonio nacional cuando domina el falso vallenato y el chucuchucu a la lata.

     En una bahía oigo una voz que me parece conocida. Habla de cine, libros y música. Pero, de vez en cuando rellenan espacios con grabaciones de emisoras extrajeras. En otro puerto hay un señor que tiene la voz muy parecida a Belisario, pero no los es. Lleva años haciendo entrevistas con largos trasnoches. Por lo menos muestra un panorama de este país. En una cala, dos paisas hablan de cualquier tema docto. Después, sus oyentes llaman por teléfono para decir cualquier cosa sin recibir respuesta o ilustración. Solo se agradece el que hayan participado. Vaya participación. Llegó a una península donde se practica un escandaloso y instantáneo mini psicoanálisis. Es una psicotegua que escucha cualquier historia que le cuenten, hace preguntas morbosas e interrumpe para pasar a comerciales. Deja al paciente colgando de la brocha. 

       En un islote, una numeróloga dicta los ganadores del chance y la lotería, pone a la venta su libro de cifras mágicas e invita a los incautos a una consulta personal. Vaya suerte la de los que caigan en sus manos. Descubro que estoy en un archipiélago de embaucadores. No faltan los yerbateros, los que dan consulta médica telefónica, los astrólogos y el que pésimamente imita a un chamán. Todos acaban exigiendo a los radioescuchas que vayan a sus consultorios, casas de hierbas, iglesias y farmancias para recibir el tratamiento completo. Me imagino los costos. No hay duda, los charlatanes que veíamos en los mercados y las calles de nuestras ciudades y pueblos han ascendido a las ondas hertzianas. 

         Cuando creo que el claror ya llega, resulta que el agitado océano es similar tanto de día como de noche. En las emisoras, rodeadas por todos los lados por propaganda, emergen las entrevistas insidiosas, los regalos de calcomanías, discos baratos y libros ilegibles para aumentar sintonía. La música diurna es tan mala como la nocturna. Hay todos tipo de programas prepago de consejos de salud, belleza, quiromancia y demás atrapabobos. Debates de fútbol, transmisiones y comentarios van con la misma gritería que los sermones. Hay comentarios políticos torcidos, morbo criminalista y lloriqueo en las entrevistas de las víctimas de tragedia. Hurgan hasta la empuñadura. 

       En muchos sitios mi nave ha encallado con frases tales como enrtsuyduiocgmsalud. Un genio de la publicidad se inventó la letra chiquita verbal que ahora agregan a las propagandas. No se entiende, pero son las frases que deben proteger la salud y el bolsillo del público. Casi todos dicen "aplican restricciones". Se burlan del consumidor. 

       ¿Quién controlará todo esto? ¿Las leyes del mercado? ¿Los rating? Se les fue la mano en la asignación de frecuencias. ¿Las emisoras siguen el diseño con el cual obtuvieron licitaciones? Tenemos el piélago de la radio miti mala y miti pésima. ¿No hay Estado en el aire?

      Aunque también oigo un bello solo de violín, regreso rápidamente a Itaca para escapar de esta perpetua oscuridad de la noche.



Escrito por Carlos Castillo Cardona

Tomada de El Tiempo, 2 de enero de 2008.



Carlos Castillo Cardona nació en Barcelona en 1040, pero a los nueve años migró a Colombia. Es sociólogo de las universidades Nacional de Colombia, Católica de Lovaina y Cornell. Ha sido profesor universitario e investigador de Naciones Unidas. Ha publicado varios libros y artículos sobre temas sociales, urbanismo y estética. Es columnista de El Tiempo y fue colaborador regular de la revista Cambio. Es autor de las novelas JMS y su perseguido y A qué país me habéis traído. 

Tomado de el libro: Antología de notas ligeras colombianas. Maryluz Vallejo y Daniel Samper Pizano. 

        

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada