viernes, 5 de agosto de 2016

El tercer ojo de una mujer




A Marco 


Mi pasatiempo siempre ha sido pasar toda una tarde hallando fotografías en blanco y negro, con escenas que aseguren el alumbramiento. Esa es para mí la dicha eterna. Recuerdo muy bien la vez que vi por primera vez esa fotografía, es de una pareja tomándose de las manos en primer plano...se ven las arrugas del pantalón de él y las olas del vestido de ella. Jamás había visto tanta complicidad en una imagen y por eso el 30 de marzo de 2014 escribí:

"La fotografía es el cuerpo del silencio cotidiano"



Ante un fotografía así era mejor guardar silencio, adorarla y luego preguntarse: ¿Cuál es el ojo que estuvo detrás de esta imagen?

Vivian Maire.
1 de febrero de 1926.
New York (Estados Unidos)
Niñera y fotógrafa aficionada. 
Autorretrato:



Alta, pelo corto con sombrero, camisa holgada, ojos parcos, boca sellada y esa cámara, esa misma que lo vio todo y lo descubrió en un solo zarpazo. Porque nadie como Vivian para trasformarse en calle, volver protagonista a la más sencilla acción cotidiana y esconderse en los nudillos de los marginados. 

Era afortunada por verla hallado, pero los humanos olvidamos y yo lo hice.... Pasaron 2 años, quizás menos, para reencontrarme con ella. Fue gracias a un hombre, el amor , la casualidad... No sé. Pero regresó el autorretrato de Maier fijado en mis pupilas. 

Autorretrato del año 1956.


Supe que estaba en el olvido y después de su muerte dejó miles de negativos, periódicos y pequeños objetos que coleccionaba. Amaba cuidar niños y los llevaba a pasear a barrios humildes o a matadores de vacas para tomar fotos. 

Era excéntrica
       extraña  
       misteriosa
       solitaria
       franca
       impertinente
       creativa ...

En fin... Era un niñera que siempre tenía su cámara puesta en el cuello dispuesta a retratar a todo aquel que se pasara en frente. 



Salí a pensar en ella, traspasé el parque y entendí que a Vivian le encantaría fotografiar a los niños que corrían y gritaban con las mejillas rojas por el sol y el viento...Por que todo habla, comunica y trasmite. 

Por ejemplo esta fotografía grita y ella que era tan silenciosa...



Vivian Maier nunca se casó ni tuvo hijos, su única pasión fue la cámara y su obsesión fueron los artículos de los periódicos que dieran cuenta de la sevicia  humana. No era bella, ni la más sensible, pero era un genio y con eso bastaba. 

....

Me gusta imaginar que Vivian se arreglaba en los días de sol, colocándose su mejor sombrero y esas prendas anticuadas para retratarse en los reflejos de las vitrinas. Pensar que no era una mujer avergonzada sino fuerte y llena de asombro en sus ojos, es decir, su tercer ojo. 

Ahora la veo en cada paso que se hunde en el asfalto. Es el fantasma femenino que siempre soñé, ese ideal que sin darte cuenta se mete en la incómoda ropa y destrona tu ceguera. 


Autorretrato del año 1954. 

Lo más valioso es saber que existió y que dejó tras su muerte un mundo de negativos para enseñarnos a contemplar en silencio y sin prisa. 



Página de la fotógrafa: www.vivianmaier.com






Escrito por Estefania Almonacid Velosa
Agosto 2016.


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