jueves, 18 de septiembre de 2014

La actitud del té...




La actitud del té

Tomada de http://lafotoquemegusta.wordpress.com/


Por Rafael Chaparro Madiado


        Tomar café no es lo mismo que tomar té. Mientras el café es la bebida del estrés, el té es la bebida de la tranquilidad. Por cuestión de uso social el café se ha constituido en una bebida que ha perdido su valor sagrado. El café como el té son bebidas estimulantes y fueron diseñadas para tomarlas en momentos y en lugares especiales. Sin embargo, el café ha pasado de ser una bebida de reyes y se ha constituido en una bebida de oficinistas. Ahora se toma un café en cualquier momento, porque sí. Ya no es una bebida para el espíritu, para la palabra. Se ha convertido en una bebida vulgar a la que ahora para terminar de completar se le añada Nutrasweet.

       Por el contrario con el té todavía queda una mínima esperanza. El té es la bebida para sentarse en una tarde de lluvia frente a una ventana. Es la bebida roja para leer un libro de Chesterton, es esa bebida pausada que al contrario del café, que se siente en el estómago, el té se siente regado en los pulmones, en el sistema nervioso central, en la punta de los dedos, en la lengua, en el aire, en las nubes, en la copa de los árboles, en las briznas del fuego.

       Me quedo con el té. Me quedo con su sabor extraño. Con su sabor a árbol rojo, con su sabor a viento amarillo, con su recuerdo de elefantes grises bajo la lluvia remota de Oriente. Me quedo con el sabor del té en la lengua, ese sabor que tiempla el ánimo y lo pone a la temperatura ideal: la temperatura de la lluvia que cae sobre todos los parques del mundo a las cinco de la tarde mientras los gatos se escabullen sobre los techos y las palomas se mueren de tristeza en la hierba fresca. La temperatura de la niebla cuando suenan todas las campanas de todas las iglesias del mundo mientras en los bares el humo se condensa y suena un blues triste.


La prensa, 5 de marzo de 1995

Rafaek Chaparro Mediado fue un joven escritor bogotano que murió en 1955, a los 31 años. Estudio filosofía y letras en la Universidad de los Ande. Se destacó como periodista cultural en La prensa, diario donde también publicó una columna urbana, cruzada por sus amores literarios, el rock y el cine. Fue Premio Nacional de Literatura en 1992 con la novela Opio en las nubes, cuyos temas urbanos permearon en buena medida su columna. La Universidad de Antioquia publicó una selección de sus artículos titulada Zoológicos urbanos. Historias mutantes. 

Tomado de Antología de notas ligeras colombianas. Maryluz Vallejo y Daniel Samper Pizano. 

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