domingo, 28 de abril de 2013

El destacado de la semana...

TRABAJO AL AMANECER
Por José Umaña Bernal

"Encierro" Úbate- 2012 Por E.A
     Está el escritor en su mesa de trabajo. En el claroscuro del amanecer. No es la noche ya; ni el día, en el cielo una distante franja violeta. El violeta de los poemas de Juan Ramón Jimenéz. Que tuvo el corazón sembrado de violetas. Aun cuando quiso ser sobrio, cerebral y metálico. En los árboles frescos de la lluvia nocturna, brincan los primeros trinos. El escritor abre la ventana; es trasparente, seco, helado, el aire. La primera lección del nuevo día; escribir con limpidez, con claridad; entre el hielo y la luz modulada. Que el trópico circundante se llena de guirigayes y dulcedumbres. El clima del escritor es la zona media. Y en la vigilia del viaje ---¿hacia dónde?--- Sin iracundia, ni entusiasmo. Nada entusiasma, o indigna, ya al escritor. Conoce, en muchos años, el clima y la altura, y las gentes que los habitan. Está el escritor al margen de todo riesgo. Ninguna encrucijada lo sorprende. (Siempre asediado de encrucijadas). Conoce las águilas --- ¿dónde ya las águilas?--- y los camaleones. Tiene, clasificado, su zoológico: su serpentario, sus jaulas de especies conocidas. Y escribe ahora las memorias de su tiempo. Y la biografía de los camaleones.

    Ahora está el escritor en su laboratorio de periodista. Y comienza, en las primeras luces, a golpear, con índices inexpertos (nunca sirvió para secretario el escritor) la máquina de escribir; "Royal": 1930. Su trabajo diario; la literatura allimentaire; pani lucrandi decía Unamuno.  Asediado por la realidad circundante; que no distingue muy bien el escritor. Pero ya volverá la noche para recobrar su soledad; y su conversación con los libros; y con los hombres que los escribieron; los compañeros de viaje del escritor. En la juventud de riesgo y aventura, en la expectante y templada madurez; ahora en las primeras cenizas.

     Debe el escritor ----es su oficio de periodista--- escribir al margen de los actual; los hombres y los hechos accidentales y transitorios; los grandes hombres provinciales. Y realiza una tremenda gimnasia intelectual para lograr su propósito. ¿Qué es lo actual; y lo inactual qué es? La pregunta del escritor todo los días. Hojea los periódicos; todos iguales; unánime canto litúrgico; consensocracia. Solo  en las noticias internacionales salta, a veces, la liebre para la certera puntería del escritor. Lo demás, el esperanto criollo; el mullido lenguaje del paraíso. Pero el escritor, el periodista, no encuentra el paraíso. Falta la guía del paraíso para los perplejos.

    Fue siempre el escritor, en su larga y rauda vida, un periodista profesional. Periodista en la universidad; periodista en la política; del parlamento al periodismo; y al periodismo desde la diplomacia. En Bogotá, en Barranquilla, en La Habana, en Nueva York;  en Santiago de Chile. Desde los años veinte; en el declive de la primera posguerra. En la etapa del cosmopolitismo abandonó el escritor la universidad, y compró su maquinilla portátil, y el billete de ferrocarril  y el pasaje de barco. Y, hasta 1920, el viaje sin rumbo; periodista en el expreso nocturno, en el camarote de zinc, o en las agencias de Cook, entre maletas de cuero, y mantas escocesas. Y no hubo nunca para el escritor vida mejor. Que se la ido el periodismo. Es su oficio sin tregua.

     Sin que el periodista olvide al escritor. No todo escritor es periodista. Pero todo periodista debe ser escritor. Y cuidar con el deleite, con sensualidad, las palabras. Mimarlas con caricia de amante. Declamar la guerra a la retórica, y la paz a la sintaxis, como quería Víctor Hugo. Escribir seco; con acre y cortante humor; sin jipios, ni cancioncillas. Y contra la corriente; a contrapelo siempre. Y resistir; es la obligación del escritor y del periodista. Decir no; revolucionario. No hay periodismo impersonal, ni objetivo, ni ---horrible palabra--- "constructivo", el periodismo es oficio de hombres libres, y solo en la rebeldía se conserva la dignidad.

    Y hasta aquí la tarea cotidiana. Ya está el sol, alto, en los cerros.


Tomadas de Carnets, Bogotá, Concultura, 1976.

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